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domingo, 4 de agosto de 2013

Azul ::: Ángel Utrillas Novella

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Azul…Azul…Azuzena

Tributo a la gran cantante de Rock
Azuzena Martín Dorado

         El dibujo que acompaña a este texto es obra de ILDE MEDRANO (PÌCARO) tomado de su blog: Arte Picaro Arte Rockero.
         La entrevista figurada a Azuzena ha sido compuesta con retazos de informaciones obtenidas en diversos blogs, a pesar de conocer bien su historia, he querido poner en su boca, las palabras de sus más profundos admiradores. Para mí Azuzena fue única e irrepetible, hace tiempo que quería rendirle algún homenaje y con mi trabajo en Toc Arte, por fin lo he cumplido. Larga vida a la Gran Dama del Rock, a la Felina de Vallecas.




          Trece palabras, veintiocho sílabas, un mensaje, una profecía.
En el horizonte la luna amenazaba con salir, el ocaso rozaba con ternura a la carretera tiñéndola de incertidumbre; la primera curva le sorprendió y las ruedas del coche rozaron la gravilla del arcén con lisonjera adulación.
          Disminuyó la velocidad, tras el susto, en un acto reflejo, intensificó la cautela, fue más prudente, sin embargo el tiempo inexorable transcurría. El horizonte, el cielo, el mar, el ocaso… la luna… Habían acudido a la cita todos los invitados, solo faltaba él. Faltaba él pero estaba a punto de efectuar su entrada.
          Las manos se ciñeron al volante aferrando el tibio cuero, en su cerebro flotaron trece palabras con cruda indiferencia, veintiocho silabas estólidas murmuradas en sus oídos reverberaron en una celada perpetua y dejaron una profecía dibujada en su retina.
          Raíces incandescentes sumergiéndose en el mar, tiempo que pasa y no regresará. Acelera de nuevo olvidando el susto anterior y tan cercano, no puede llegar tarde a la cita, tiene que plasmar el instante preciso, su cámara tiene que robar la realidad una vez más. Quiere fotografiar a la luna azul en el instante exacto en que atraviese el mar azul para zambullirse en el cielo azul rompiendo el horizonte... incandescente.
          Es en el momento en que las ruedas de su vehículo abrazan gravilla por segunda vez cuando acuden las trece palabras a la lente de su mente: “Tu horóscopo advierte que no viajes en coche esta semana, peligro de accidente”. La curva no le ha sorprendido, ha sido el brusco giro realizado a demasiada velocidad, ha sido la repentina aparición de un conjunto de palabras, 28 sílabas. Levanta el pie en un acto reflejo y un hormigueo recorre todo su cuerpo; no va a llegar a tiempo.
          La instantánea debe ser tomada en el instante preciso y precioso, luna azul emergiendo del mar azul para reinar en el cielo azul. Debe llegar al acantilado en un par de minutos, no hay más tiempo y según los astrólogos la luna azul ya no se repetirá hasta dentro de tres años; su reportaje no puede esperar tanto tiempo, el periódico, los redactores, el jefe, no comprenderán un retraso, no perdonarán un nuevo retraso.
          Acelera de nuevo, todo o nada.
         La curva donde hace autoestop el piadoso fantasma de la mujer muerta avisando de que en la siguiente tuvo ella el accidente, no logra sorprenderle, sin embargo la siguiente sí, es muy peligrosa, traicionera, definitiva. La gravilla es profanada por la huella imprecisa de unos neumáticos, levanta el pie del acelerador y pisa el freno para no ser ocaso. Demasiado deprisa, demasiado tarde. La leyenda de la curva aumenta su texto y su prestigio, impresos en letras de sangre un par de párrafos nuevos; el armario de las ánimas en pena incrementa el número de habitantes. No va a llegar. Ya no. La luna azul saldrá sin su presencia.
         La fotografía queda atrapada por siempre en su retina azul, impresa en su imaginación y finalmente no puede ser plasmada por la lente de su potente objetivo. Adiós luna azul de la suerte atravesando de puntillas el mar azul, instalándose en el cielo azul, inundando el horizonte... plúmbeo.
         Ordenaron colocarle una venda en los ojos para que la luz no los dañara más de lo que ya estaban, esa tela áspera y fría impregnada con el aroma del desinfectante ayudó a conservar dentro de su cerebro la imagen preciosa, el momento preciso, el cuadro jamás pintado. Lo primero que preguntó cuando pudo articular palabras inteligibles fue: ¿dónde está mi cámara, no se habrá roto? Un silencio azul, como el mar y el cielo y la luna, fue la única respuesta obtenida. Silencio y oscuridad.
          Salió del hospital aún maltrecho pero con la firme determinación de empezar a trabajar cuanto antes. El periodismo se lleva en la sangre, la fotografía en el corazón, el riesgo en el alma. Consiguió una cámara nueva, mucho mejor que la anterior, no hay mal que por bien no venga ni hay daño que no tenga apaño. Y comenzó a trabajar. Tuvo suerte, en una de sus correrías nocturnas se encontró con la cantante de rock más famosa del país, se acercó a ella, se presentó, le dio un poco de charla agradable y le pidió una entrevista. Hacía meses que la diva no concedía entrevistas a ningún medio pero contra todo pronóstico a él la estrella le dijo que sí; ¡qué suerte!, recuperaría su actividad con una exclusiva importante.
          Fue en el café del puerto, venía vestida de cuero, desnuda de ilusión, ahíta de música. Hacía calor. Bebieron bastante durante el largo tiempo que duro la entrevista, hizo miles de fotos con su portentosa cámara. Tenía ante él a la gran dama del rock, la heroína de los escenarios. Jamás podría olvidar sus palabras sinceras, su voz potente, su imagen mágica.
          La estrella se deshizo de la máscara, se desnudó con su respuesta que en realidad fue un monólogo, de ese modo el fotógrafo supo que…
          He crecido y vivido gran parte de mi vida en un entorno más folclórico que rockero. Mi madre fue vedette principal de un cabaret y gracias a ella, desde muy pequeña, entré muy rápido en contacto con el mundo de las coplas y los boleros, a los cuatro años subí por primera vez a un escenario y desde los diez participé continuamente en actuaciones de espectáculos de variedades. Poco a poco crecieron mis inquietudes rockeras, de día trabajaba fregando suelos y en mi tiempo libre buscaba grupos de rock que precisaran cantantes, todos aquellos con los cuales contacté desecharon mi participación por un motivo contundente, por ser mujer; de noche, llamaba a programas de música de la radio. Una noche interpreté un tema de Janis Joplin en directo. Ahí fue donde se fijaron en mí, en mi actitud, en la rabia de mi garganta cantando y en mi carisma. Cambié los volantes y la copla por el cuero y el metal, la compañía discográfica quería lanzarme al panorama rockero pero no como solista y por eso me buscaron un grupo. Formaron una banda para mí, para lo que reclamaron los servicios de los mejores músicos del país y el invento… funcionó: nuestros primeros temas se convirtieron en himnos, fui portada en revistas rockeras, pasé varias veces por diferentes programas de televisión. El primer álbum fue un éxito tan veloz como nuestra música.
          Veinte mil almas abarrotaban los alrededores del escenario de uno de nuestros conciertos. Aparece una mujer de cuerpo fornido y actitud macarra, yo, subo con mi banda al escenario. El público comienza entonces a provocarme diciendo: “Que enseñe las tetas, que enseñe las tetas”.
          No me dejé intimidar y respondí a los incitadores señalando a mi guitarrista: ¿Por qué me decís que saque los pechos y no le pedís a él que enseñe sus huevos? Fui la primera cantante femenina de rock en este país. Y la única que despuntó en este género, mi presencia fue una excepción en un entorno dominado por músicos masculinos. Los chicos me acogieron con actitud a veces expectante, otras protectora. Aunque no te creas, yo tampoco me dejaba acongojar. Sobre el escenario tenía una personalidad arrebatadora. Recuerdo que en un concierto salí del camerino con un látigo, y estuve dando con todas mis ganas con él contra el suelo, sin parar.
          Con el éxito llegó también el fracaso y llegó tan rápido como aquél. Mi carácter y mi personalidad chocaron frontalmente con la del guitarrista principal del grupo, no soporté esa lucha interna y para evitar problemas mayores abandoné a la banda, me lancé en solitario con un disco de rock pero menos duro, muy al estilo de Tina Turner, eso fue un error, me hizo perder seguidores. Ni el grupo, con nueva voz cantante, mi sustituta, tuvo ya éxito por su parte, ni yo tampoco por la mía. En el segundo disco en solitario traté de volver a mis raíces más rockeras pero ya no tuve el éxito esperado. Dejé los escenarios, estaba muy decepcionada, sentía que había errado, que podía haber conseguido la cima y me quedé a mitad del camino, algo deprimida decidí irme de la gran ciudad, decidí irme con mi compañera sentimental a la playa, allí nos pusimos al frente de un chiringuito al pie del mar, aquí, en este mar azul que puedes ver hoy y rodeada de algunos buenos amigos, fue el único lugar donde se me pudo escuchar cantar de nuevo, en reuniones improvisadas, aquí en este mar azul fue el único sitio donde tuve fuerzas y ganas para cantar de nuevo….
          Tenía intención de volver al escenario pero no pude. El último proyecto musical que quise poner en marcha fue truncado por la enfermedad, hasta que una mala mañana de enero mi pareja me encontró muerta, en mi casa. Un edema pulmonar, creo, o eso dijeron en la prensa a todos mis adeptos; no lo sé, sé que estuve enferma un tiempo y que un día, de repente, me desplomé y cuando llegué al suelo ya todo se había acabado, el éxito, el fracaso, la música, la vida… todo.
          Él la miraba extasiado como si fuera Ginger Lynn, la escuchaba anonadado como si jamás la fuera a oír… pero, ¿por qué hablaba así?, afirmaba haber muerto y estaba allí, en aquella playa de mar azul, en aquel paraíso sin ocasos, en aquel cielo límpido.
          Fue un momento al baño y de paso a la barra o viceversa y al regresar a la mesa con otras dos bebidas ella ya no estaba. En su lugar había una nota escrita con lápiz de labios sobre una servilleta, una despedida de urgencia: “Pronto lo entenderás, al principio cuesta un poco adaptarse pero pronto te acostumbrarás. Fue un placer conocerte, gracias por la entrevista y por las fotos”.
          Habrá tenido que salir corriendo por causa de algún impreviso, o para algo urgente, pensó mientras se bebía de un solo trago las dos copas recién pedidas. Estaba ligeramente embriagado así que decidió caminar para que se le pasara el atontamiento; de improviso recordó aquel infausto mensaje, trece palabras premonitorias y el accidente en aquella curva maldita que acabó con su cámara, con su coche y quién sabe con cuántas cosas más.
          Iba mejorando de su embriaguez, iba tomando fotografías del paisaje azul, sobre todo del mar y del cielo y del horizonte que aspiraban a un ocaso lleno de luna llena. Se dio cuenta de que se había alejado en exceso del lugar de partida, del aparcamiento de la playa, de su nuevo coche descapotable. De repente se sorprendió a sí mismo haciendo autoestop para regresar y ante su sorpresa el primer coche que pasó, paró.
          Era una rubia espectacular, si no era la mismísima Ginger Lynn podía hacerse pasar por ella sin ningún problema, llevaba la música a todo trapo, la canción era muy antigua, se titulaba “Azul”... http://www.goear.com/listen.php?v=cb97f56
          - Tenga mucho cuidado señorita- dijo al reconocer que el sitio de la carretera por el que circulaban era el mismo del infausto desastre que tan recientemente había sufrido-, vaya con precaución, la siguiente curva es muy peligrosa, muy cerrada y con gravilla en el arcén.
          - Gracias-, respondió Ginger para después continuar cantando a la par que el aparato de sonido-, Nunca más la he vuelto a ver, hoy por ella quiero beber. La recuerdo aún, no consigo olvidar, aquel intenso azul y ella junto al mar.
          - Preste más atención a la carretera y menos a la música- dijo al terminar la canción-, en la siguiente curva perdí el control de mi vehículo, hace tres semanas yo tuve un accidente precisamente ahí, en esa curva, hace pocos días me maté yo.
          Entonces, al escucharse a sí mismo, tal como habían vaticinado unas letras de carmín en una servilleta, lo comprendió. Trece palabras, veintiocho sílabas, un mensaje, una profecía. No volvería a ver a la gran dama del rock, no volvería a escucharla ni a fotografiarla. No lo haría nunca más ni con ella ni con nadie, en aquella curva, tres semanas atrás, perdió algo más que el coche y la cámara.
          - Nunca más la he vuelto a ver, hoy por ella quiero beber. La recuerdo aún, no consigo olvidar, aquel intenso azul y ella junto al mar.
          Intenso azul, ella en el azul del mar y… él en el inmenso azul del cielo.
          ¡Malditas prisas y malditas trece palabras!.






Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Azul
Título: "Azul…Azul…Azuzena"
Técnica: Texto
Fecha: Julio 2013


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sábado, 9 de febrero de 2013

V Aniversario de la página oficial de Ángel Utrillas

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 Y el tiempo pasa. ¡Cinco años ya!. Hoy nuestro compañero Ángel Utrillas está de aniversario. Su página web oficial www.angelutrillas.com cumple 5 añitos. 


Agradecer a Ángel Utrillas por la confianza depositada. Por permitirme andar con él, este camino tan apasionante y díficil. Lleno de retos diarios. Cuando uno echa la vista atrás y ve todo el camino recorrido, es imposible no asombrarse un poco y sentir algo de vértigo... cuánto trabajo. Siempre con la ilusión como motor y con ganas de seguir en la brecha. 

Gracias Ángel.
Y muchas felicidades!!.

Gerardo


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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Reflejos ::: Ángel Utrillas Novella

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Reflejos (soledad en el espejo)


            Comienza a hacer frío, el cielo anuncia o mejor dicho amenaza con una tormenta, las nubes grises se apoderan del azul celeste y lo visten a la fuerza con un manto plúmbeo, he creído ver el reflejo del primer relámpago en mi ventana, ya huele a humedad en la casa, a humedad perenne y, un carro endemoniado arrastra sus ruedas de madera por los rellanos de la escalera.
            Hace tiempo que siento frío, mi cuerpo, mi sábana, mi cama, mi habitación, mi casa, mi escalera, el mundo entero está destemplado, pero el frío de hoy es más intenso y lacerante, espero que no sea el reflejo de la muerte que como el primer relámpago traidor llama al cristal de mi ventana y se asoma sin permiso.
            Trato de taparme tirando de manta y leo el periódico, uno al azar, cualquiera de los que tengo acumulados y que no corresponde al día de hoy aunque será un mero reflejo de otro día idéntico. Suenan fuertes los impactos de las primeras gotas en el cristal, suenan estruendosos golpes en mi puerta. No espero a nadie, no tengo previsto recibir visitas a estas horas, serán los embates del viento que surca los peldaños de la escalera tras el carro de los truenos.
            Una noticia del diario estimula mis reflejos y captura mi atención, es triste, me encoje el corazón hasta el punto que olvido el frío y la lluvia, del viento y la tormenta.
          “Un Anciano muere y es encontrado 15 años después de su fallecimiento en su piso. Estaba acostado, en pijama y todos los indicios conducen a pensar que se trató de una muerte natural y carente de sufrimiento. El cuerpo fue hallado por casualidad, cuando los vecinos, al padecer una gotera, encargaron a dos operarios de una empresa de reparaciones encontrar el origen de ésta. La casa estaba recogida, todo normal en apariencia y, el hombre, sorprendido por la pálida dama, yacía en su cama sin indicios de dolor, por el contrario, su rostro y su posición casi reflejaban alivio”.
           Una gota de agua moja la página del periódico y causa un borrón en la noticia, una ráfaga de viento se cuela en mi hogar y pasa las hojas del diario que vuelan desordenadas. ¿Acaso tengo una maldita gotera en la habitación, reflejo de mi precaria economía? Hace días que percibo más humedad de la habitual, ¿o quizá una racha de aire ha vencido la resistencia de mis vetustas ventanas?  
Arrojo el periódico, o lo que de él ha quedado, al suelo gélido y, contrariado me levanto, no encuentro mis zapatillas y maldigo haber ahorrado unos céntimos en un pijama barato que no proporciona el suficiente calor a mi ya deteriorado cuerpo. Compruebo todas y cada una de las ventanas. Nada. Todas correctamente cerradas, la ráfaga de aire inexplicable habrá sido producto de mi imaginación o tal vez se trate del arreo de la muerte que empuja ya sin piedad y sin paciencia rodeando a un pobre viejo. La gota de agua si tiene una explicación terrenal, parece una filtración de los gastados canalones, mañana daré parte a esta pusilánime comunidad fiel reflejo de la pasiva sociedad en la que vivo, en la que morimos.
De nuevo golpes en la puerta, ¿quién demonios será? Si piensan que voy a abrir mi morada a horas intempestivas están muy equivocados, me vuelvo a la cama en una reacción automática al estímulo del frío, es decir, en un acto reflejo. Al pasar frente al espejo del pasillo me ha devuelto el reflejo de mi propia soledad, pálida, demacrada y despeinada, ¿será ese el motivo del frío que me invade? ¿Estaré tan solo en este mundo cruel como el pobre hombre protagonista del artículo que acabo de leer? No, no lo creo, no me encuentro abandonado, la demostración son los continuos golpes en mi puerta... que por cierto ya han cesado, como la lluvia, un breve momento de ruido, un reflejo de libertad, un aguacero repentino y todo vuelve a la normalidad, del oasis al desierto, del temporal a la sequía, del revuelo a la quietud... y yo me vuelvo al lecho que además de frío tengo algo de sueño y ya mañana será otro día.
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- Aquí filtraciones no hay, humedad mucha y un olor bastante desagradable- dice una voz recién llegada a la casa.
- En el ala norte es donde está el problema-, responde un compañero-, ve hacia esas habitaciones y si ves alguna mancha rompemos la pared, si no hay nada nos vamos raudos y veloces, me da mal fario esta casa.
- Corre ven aquí, en la cama hay alguien y si no se ha despertado con nuestros ruidos es que esta sordo o muerto. Por el olor que desprende yo diría que es lo segundo.
- Es un esqueleto, está en pijama- aduce el más valiente que ha tenido la sangre fría de retirar la sábana-, por lo menos lleva muerto veinticinco años.
- No tantos amigo, no me haga usted más mayor que bastante lo soy en realidad sin años adicionales-, dice una voz que nadie puede oír-, tan sólo quince años han transcurrido desde mi muerte así que, un poco de respeto para este modesto cadáver.
- Este es el reflejo de nuestra sociedad-, dice el valiente tapando el esqueleto del anciano que se descompone dentro de un pijama barato-, vamos, tenemos que comunicar este suceso a las autoridades y que vengan a limpiar este piso, este cruel espejo de la soledad.
   


Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Reflejos
Título: Reflejos (soledad en el espejo)
Técnica: Relato


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jueves, 10 de mayo de 2012

A day with you ::: Ángel Utrillas Novella

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    Cuando nací era apenas una mota de polvo en la inmensidad del universo, un copo de nieve desvalido y frío. Fui creciendo, a lo largo de los años he ido incrementando mi tamaño, mi fuerza, mi poder...
    Ahora cercano ya mi ocaso viajo sin rumbo, hacia donde las caprichosas corrientes quieran llevarme. Estoy cansado para resistirme al destino inexorable, son ya miles de años de gélida existencia. Me restan apenas unas semanas de vida y sin embargo siento que todavía tengo un objetivo, una misión por cumplir que me ha sido asignada contra mi voluntad y será mi eterno castigo.
    El sol tímido de esta fría primavera calienta y deteriora mi espalda, de tal forma que deja de serlo. Un pedazo de mi piel sufre una herida, se rasga mi cuerpo, se abre la brecha y acaba por producirse la amputación. Es entonces cuando, mutilado, pierdo el equilibrio, me desestabilizo y vuelco... y ruedo... y me deslizo en espiral sobre mi mismo hasta que, por fin, encuentro una posición cómoda y vuelvo a estabilizarme, a equilibrarme y mi reverso es ahora mi anverso y, continúo viajando con nuevo diseño e imprevisible disfraz.
    Las noches son más calmadas, el sol se esconde, la temperatura baja hasta límites de congelación, recupero fuerzas me aferro a la existencia con garras de hielo y sigo dejándome llevar, patinando a la tenue luz de las estrellas.
    Qué noche tan oscura, qué silencio tan atroz, qué frió tan yerto y qué siniestra profecía rodando por mis laderas. No hay luna, el océano está en absoluta quietud; sin olas donde mecer mi sueño, me desvelo. Un Titán de hierro se acerca desafiando mis gélidas fronteras y yo nada puedo hacer, soy una vetusta montaña helada carente de movimiento voluntario, condenada a desaparecer en unas semanas, a desvanecerme, evaporándose mi caparazón todavía invencible.
    Rugen mis hielos, cruje mi esqueleto como si tratara de alertar a los guerreros que me desafían. Sé que no pueden ganar, sé que van a perder, a morir, a hundirse en la nada líquida, fría y oscura.
    Está muy cerca el gigante de acero, de su cuerpo casi tan gélido como el mío se desprende una música alegre, con aspiraciones de tonadilla celestial. A day with you, interpreta la orquesta. Puedo diferenciar el lánguido roce de las cerdas en las cuerdas del violín. Cierro los ojos para disfrutar todas y cada una de las notas de esa orquesta.
    _ ¡Iceberg adelante, es enorme!- exclama la voz de Frederick Fleet al tiempo que suena una campana, tres tintineos urgentes con ausencia de alegría.
    _ Todo a babor, paren las máquinas- grita Murdoch viéndome demasiado cerca, demasiado grande, demasiado... tarde.
    La orquesta no se ha enterado de la alarma, sigue sonando a day with you. Un día contigo, me gustaría tener todo un día para disfrutar tu presencia majestuosa, tu tecnológica belleza, tu música magistral, sin embargo solo disponemos de 500 metros, de 35 segundos, tras esos breves momentos todo cambiará, nuestro encuentro, nuestro fugaz contacto, nuestro mortal beso de mármol, cambiará toda una forma de pensar, cerrará una época y mi desaparición inexorable será tu fama eterna.
    Te acercas, intentas esquivarme, evitar lo inevitable. Golpeas la parte de mi cuerpo que mantengo sumergida en el agua, me arrancas fragmentos que ya no siento míos, rugen tus aceros con mi contacto y te estremeces, no de amor sino de miedo.
    _ Todo a estribor- ordena el oficial en desesperado intento de alejar las hélices de mi tacto. El golpe ha hecho desafinar al chelo y también se ha tambaleado el violinista, a day whit you deja de sonar mientras te alejas para siempre de mi gélido aliento. La suerte está echada, ambos moriremos aunque tú vivirás por siempre en la profundidad del recuerdo. Yo desapareceré, es mi destino, aunque por unas horas más, allá, a lo lejos, en el negro horizonte de la noche sin luna, oigo a la orquesta tocar músicas alegres mientras me derrito. No vuelve a sonar a day with you, se difuminan las notas hacia songe dautum y definitivamente a nearer my god to thee y después... tus luces se apagan, gritos de pánico hacen olvidar a los instrumentos de la orquesta. Crujen mis hielos, rechinan mis nieves desapareciendo en lágrimas a destiempo, telón negro en un escenario plagado de cadáveres.
Un día contigo, apenas un leve roce, un simple beso y la orquesta interpretando nuestra canción para toda la eternidad. Conocerte me ha recompensado los milenios de sufrimiento, ha merecido la pena una vida tan larga, fría y solitaria.
    Siento haberme cruzado en tu camino, quise avisarte, intenté apartarme, quise darte una tregua para amarte, pero el destino ha querido que vivamos eternas leyendas separadas.



Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: A day with you
Técnica: Texto


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miércoles, 12 de octubre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Octava sombra: Qué mala sombra

Y es tarde también para mí, el accidente me costó la vida, otra más de mis siete vidas, al final será cierta esa creencia esotérica y supersticiosa que nos concede a cada uno de nosotros siete existencias.

Son siete los días de la semana, los siete mares, los siete colores del arco iris. Siete son los sacramentos, los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo, las siete notas musicales y los siete enanitos de Blancanieves. ¿Por qué no iba yo a tener, como todos los demás, siete vidas? De hecho ya he quemado seis, ésta, la actual, la que disfruto y vivo ahora, es, si no he perdido la cuenta y mi cálculo no me engaña, la última y definitiva. Y voy a aprovecharla a conciencia, no me queda casi nada por hacer, sólo una hazaña tengo pendiente, torturar a Fran incluso en la cárcel.

Como todos los días me dispongo a visitarle en su celda. Me cuelo por donde siempre, paseo impunemente por los pasillos y corredores hasta que uno de los guardias sale a mi encuentro. Me saluda.

_ Buenas tardes Sombra, ¿otra vez por aquí?

Todos me llaman Sombra, debe ser por mi pelo completamente negro, o quizá por el futuro oscuro que le espera a Fran, mi único familiar vivo y para siempre a la “sombra”. No sé cuál de los guardias me lo puso pero me gusta el nombre, aunque debo reconocer sinceramente que me gustaba más el anterior, tal vez porque lo recuerdo pronunciado por los dulces labios carnosos y sensuales de Cora. No me lo adjudicó ella, fue aquél otro novio que tuvo, no recuerdo como se llamaba, el melenudo, el único que amó, el que dejó para casarse con el dinero de Nick. Me bautizó con el nombre del grupo musical donde tocaba la guitarra, Viceversa, un poco absurdo pero siempre mejor que Micifuz, Silvestre, Tigrecito o similares. El que no me gusta nada es el nombre que me puso Fran, no, ése no me gusta, es despectivo, se percibe su odio.

A diferencia del guitarrista melenudo que me adoraba, Fran siempre me ha odiado. Aunque el sentimiento fue recíproco, es decir yo también lo odiaba a él con mis siete almas. De todos modos, a pesar de nuestras diferencias, yo siempre le llamé a él por su nombre, jamás se me ocurrió decirle “Puto hombre”, por eso no me gusta cuando me llama “Puto gato”.

_ ¡Guardia venga a la celda! Ya esta aquí otra vez este puto gato.

Se desgañita jurando y perjurando que toda la culpa es mía, que fui yo el culpable, que yo provoqué el accidente. Se deja la garganta, se rompe la voz chillando que yo le ataqué, que arañé sus ojos, que mordí sus manos para hacerle perder el control del coche y yo, me mondo de la risa cuando los guardias le contestan.

_ ¡Fran cálmate!, es sólo el gato de tu amada, se ha quedado solo, eres su única familia, es normal que venga a visitarte. No tengas tan mala sombra.

_ No es mi familia, es el asesino de Cora ¿no lo entienden? ¡Ese puto gato sólo viene a reírse de mi desgracia!

¡Qué divertido, dedicar en exclusiva mi última vida a amargarle la vida!

¡Qué divertido llenar sus días de carcajadas, de Sombra y Viceversa!




Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (VIII)"
Técnica: Relato

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viernes, 7 de octubre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Séptima sombra: El polizón

Y sin embargo yo no había olvidado nada, tengo muy buena memoria y recuerdo lo sucedido a la perfección aunque aconteciera en mi otra vida.

No puedo soportar ver a este imbécil con Cora, no puedo ver a mi dueña en brazos de un asesino aunque la haya liberado de alguien a quien ella nunca quiso. Tampoco creo que ame a Fran, no, estoy seguro, no es amor, es simplemente sexo o necesidad de percibir más dinero.

No pude declarar en el juicio, claro es normal, ¿cómo iban a permitirme hacerlo? A mí, a un pobre diablo. Fui el único testigo de lo sucedido pero siempre tendría que permanecer callado, siempre debería vivir con el secreto mordiéndome las entrañas.

No, no podría confesar jamás y sin embargo, también yo había tomado una decisión. Cora será mía o de nadie, no permitiré que siga conviviendo con un asesino.

Y así un buen día llegó mi oportunidad, llegó el momento propicio, iban a realizar juntos los dos un trayecto en coche hasta un pueblo vecino para hacer unas compras y yo, me colé como hacía casi siempre. Fran conducía, siempre era el quien conducía, yo abandoné mi escondite, dejé de ser polizón para ser pasajero y mimoso, rocé el tibio hombro de Cora.

_ Hola amigo- dijo abrazándome, sorprendida de verme pero contenta de mi aparición-, has decidido acompañarnos, bien, así será más interesante.

_ No veo yo el interés-, dijo Fran que jamás se alegraba de verme y fijó sus ojos en los míos mientras me chillaba-, ¡al contrario, eres un auténtico estorbo!

No pude contenerme, no pude aguardar más, ¡tranquila Cora yo te libraré de este imbécil!, pensé mientras sucumbiendo a mi impulso me abalanzaba sobre él.

Arañé su rostro con todas mis fuerzas, clavé mis uñas en sus ojos, mordí sus manos para obligarle a soltar el volante. Sus alaridos de dolor superaron en decibelios los gritos de sorpresa de Cora y se elevaron incluso por encima de mis gruñidos de desesperación.

El volantazo desesperado de Fran nos sacó de la carretera, el muy imbécil en vez de girar a su izquierda lo hizo a la derecha, hacia el lado de Cora y, esa absurda maniobra suya nos precipitó por el barranco, seguro que lo hizo adrede, para que el peor golpe se lo llevara Cora, para salvar su asqueroso culo.

Finalmente Cora no sería mía, no sería de nadie. Fran sobrevivió, ya saben, mala hierba…

Cora murió en el acto, al menos sé que no sufrió y también que no comprendió lo que pasaba.

Yo salí despedido en la primera vuelta de campana, me golpeé contra las rocas, creo que morí al instante porque no recuerdo haber sufrido.

Fran tardó mucho tiempo en recuperarse de sus heridas y cuando por fin salió del hospital se llevó la sorpresa de su vida. ¡Qué satisfacción experimenté al ver su cara! No pude contener la risa cuando la policía lo detuvo acusándole de provocar el accidente para asesinar a Cora.

Lo declararon culpable, qué curiosa la justicia de los hombres, cuando era culpable lo liberaron y, ahora, inocente, no obstante, encarcelado. Lo tenía merecido y Cora, aunque me apena su muerte, también merecía un castigo, si hubiera existido un onceavo mandamiento ellos también lo hubieran incumplido.

Ahora es tarde para arrepentimientos. Las sombras han cubierto el escenario, ya no hay viceversa, es muy tarde ya.


Continuará.




Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (VII)"
Técnica: Relato

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jueves, 29 de septiembre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Sexta sombra: Sangre, sombra y viceversa

En ese inoportuno instante llegué yo, imprudente, curioso, inconsciente, sin llamar dos veces, sin llamar, casi sin hacer sombra.

La escena era ridícula, me hubiera reído de buena gana si no hubiera formado yo parte de ella. Cora en pie, junto al borde de la mesa, desnuda, con las piernas muy juntas tratando de esconder sus vergüenzas con la siniestra, en la mano diestra un cuchillo enorme y en su rostro una expresión agresiva, a pesar de todo bella, inmensamente atractiva.

Fran de pie manteniendo el equilibrio a duras penas, a penas duras, los pantalones enredados con sus zapatos, sin camisa, envuelto en sudor y con su miembro bailando la danza del absurdo; patético, inmensamente lamentable.

Nick de espaldas a mí, por encima de su barriga fofa una escopeta, por debajo unos calzones de corazones de un mal gusto reprobable, extravagante; la antítesis del deseo, inmensamente desagradable.

Mi llegada inesperada les sobresaltó a los tres, todos se volvieron a mirarme, todos apuntaron sus armas hacia donde yo me hallaba y ese gesto fue el que ahogó mi risa y despertó mi miedo.

De repente se escuchó un disparo, una bala me partió el pecho y una fuerza terrible me propulsó contra la pared a unos metros de donde me hallaba. Mi sangre tiñó de tragedia algunas baldosas del pasillo.

Fran no aguardó más acontecimientos, lo vi desde el suelo donde quedé inmóvil aunque con los ojos abiertos. Se abalanzó sobre Nick y sin permitir reacción alguna le clavó las tijeras en el pecho. El ruido fue horrible, como cuando cae un melón al suelo y estalla; la cara de sorpresa del agredido una mueca terrorífica, como cuando te pisa el pasajero más obeso del autobús y te hace polvo el juanete. El corazón se lo habían partido, primero al descubrir la traición de su esposa, después al hincarse las tijeras en su pecho. Cayó estrepitosamente. Estrepitosamente muerto. Pasó a mejor vida sin viceversa.

_ Estás loco, le has matado.

_ Pues claro que lo he matado ¿acaso pretendías esperar a que nos matara él a nosotros? Mira lo que le ha hecho a ése desgraciado- dijo enfadado, excitado y señalándome a mí con su dedo tembloroso.

_ Y ahora ¿qué hacemos? Irás a la cárcel, nos juzgarán.

_ No pasará nada, limpiaremos las tijeras quitando mis huellas, tu las cogerás poniendo las tuyas y declararemos que tras sufrir un arrebato de celos y de golpearme a mí en la cabeza, Nick trató de matarte con la escopeta; el primer disparo fue fallido y el segundo alcanzó a ése,- de nuevo me señaló con el dedo tembloroso y me llamó “ése” ¿acaso no sabía cómo me llamaba? No, probablemente no lo sabía-, antes de que pudiera hacer un tercero te defendiste, no querías matarlo pero no supiste calcular dónde le asestabas el golpe. Yo corroboraré todas tus palabras con mis palabras y con la herida de mi cabeza, te declararán inocente, fue en defensa propia, quedaremos los dos en libertad y además nos hemos librado de la pesada carga de tu esposo, viviremos juntos y felices por siempre Cora.

No se preocuparon de mí en ningún instante, no me auxiliaron, ni me miraron y, eso me dolió más que la herida, como si yo no estuviera, como si yo no hubiera recibido un disparo y lo peor de todo fue que el plan de Fran tuvo éxito, todo ocurrió como el lo había dicho, exculparon a Cora, se libraron de la molesta presencia de Nick, con quien Cora se había casado por dinero y al poco tiempo iniciaron una vida juntos.

Se olvidaron de todo, del marido muerto; del inquilino asesinado, a la sazón el mismo; del homicidio; del inherente juicio; de las sombras que los acechaban y, lo que más me dolió, más incluso que la propia muerte; se olvidaron incluso de mí… de viceversa…


Continuará.




Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (VI)"
Técnica: Relato

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sábado, 24 de septiembre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Quinta sombra: La sombra de una duda razonable



_ ¡Qué significa esto!- gritó de nuevo Nick al tiempo que con su diestra cogía por los hombros a Fran y lo zarandeaba-, ¿qué haces con mi mujer?

Fran perdió el equilibrio, los pantalones trababan sus tobillos, no pudo apoyarse, trastabillo y cayó estrepitosamente golpeándose con la cabeza en el suelo, el golpe lo dejó ligeramente aturdido, sin embargo distinguió el tacto frío del filo de unas tijeras junto a su mano diestra.

_ ¡Qué haces con mi mujer no! ¡Imbécil!- dijo Cora con un ronquido ahogado y forzando el llanto-. Lo correcto es preguntar qué le haces a mi mujer, no ves que me está… me está…él me ha…

_ ¡Maldito bastardo!- exclamó Nick comprendiendo la situación o, creyendo comprender la situación o, viceversa y, mientras continuaba hablando, el punto de mira de la escopeta se instalaba en el cuerpo del casero- Dime qué le has hecho a Cora antes de que te pegue un tiro.

Fran estaba ligeramente aturdido por el golpe pero comprendió en seguida la situación: su inquilino creía que él… Cora le había dicho a su marido que él… y por culpa de esa sucia mentira ahora él estaba a punto de…

_ No le he hecho nada-, gritó en su defensa para después, atiplando la voz añadir-, bueno nada que ella no quisiera que le hiciera, se me insinuó, estaba desnuda y me provocó, hasta limpió la mesa para estar más cómoda, yo no soy de piedra…

De nuevo la escopeta cambió de diana y se dirigió a las curvas de Cora que seguía sentada sobre la mesa y con el cuchillo en la mano.

_ ¿Tú le provocaste? ¿Te mostraste desnuda al casero y te insinuaste? Entonces eres tú la que debe morir.

_ Le crees a él y no a mí, ¿estás ciego?, mira ahí en el suelo las bragas rotas, los cubiertos, en el forcejeo hemos tirado la vajilla de la mesa, con mucho esfuerzo he podido coger el cuchillo y estaba intentando clavárselo para librarme de su acoso pero él me sujetaba la mano, ¿acaso no lo has visto?

Fran se levantó con ímpetu y casi volvió a caer, se sentía ridículo con los pantalones por los tobillos, con su miembro a la intemperie oscilando alicaído tras el esfuerzo y el susto y, asiendo las tijeras con su mano diestra como si fuera una costurera vilipendiada.

_ No ha habido forcejeo, ella tiró al suelo los objetos de la mesa, prefería hacerlo sobre el mantel y no apoyada en los azulejos fríos de la pared.

Nick también se sentía ridículo, en calzoncillos, eligiendo blanco o diana, táchese el que no proceda, armado con una escopeta que ni sabía con certeza si estaba o no cargada y con una gigantesca resaca que le impedía razonar y sólo le producía sombras y dudas y viceversa.

_ No sé a cuál de los dos voy a matar primero- movió la escopeta de un lado a otro, de izquierda a derecha, de la diana al blanco, de la mujer al hombre y viceversa-, a la zorra o al violador, al bastardo o a la ramera…

Cora también se sentía ridícula, desnuda, insatisfecha, sentada en el borde de la mesa aunque cruzando las piernas pudibunda, aferrada al cuchillo… al menos la resaca se había evaporado con tantas y tan variadas emociones.

_ Encima de ultrajada tengo que aguantar ser insultada y tendré suerte si no soy asesinada.

Nick sufrió un escalofrío, la resaca, su desnudez, las palabras de su mujer o una mezcla explosiva de todas esas circunstancias le hicieron temblar y, como consecuencia de esa contracción, sus dedos adoleciendo gafedad, torpes, engarabitados, se enredaron con el disparador. Afortunadamente la escopeta no estaba cargada y sonó un click en vez de un bang. A pesar de eso o precisamente por ello Cora palideció.

_ Has apretado el gatillo, has querido matarme- dijo incrédula porque su marido hubiera sido capaz de dispararle y porque a pesar de todo la suerte la mantenía viva. Y se puso en pie amenazándole con el cuchillo.

_ Has dicho que te he violado-, decía Fran indignado mientras amenazaba a su amante con las tijeras-, ¿cómo has podido hacerlo después de ofrecerte de forma descarada y pedirme que te besara?

_ Has roto mi matrimonio, he estado a punto de matar a mi esposa- adujo Nick apuntando de nuevo al casero e introduciendo un cartucho en la recámara, ahora sí estaba cargada, si pulsaba el disparador no habría vuelta atrás, viaje de ida sin viceversa.


Continuará.




Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (V)"
Técnica: Relato

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jueves, 15 de septiembre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Cuarta sombra: Tijeras cuchillos y viceversa


Las tijeras golpearon con fuerza la espalda de Fran que ni se inmutó ni interrumpió sus besos ni sus caricias ni disminuyó en modo alguno su desbocado deseo por causa del impacto accidental.

Junto a las tijeras, en el suelo, estaba el móvil que también había caído segundos antes por estar a menos altura y también por esa circunstancia no golpeó al casero, como hicieron aquéllas, aunque rozó uno de sus tobillos.

Ahora las manos de Cora, sin objetos que entorpecieran sus movimientos, estaban libres, aunque permanecían muy ocupadas tratando de desabrochar el pantalón de Fran.

_ Espera- dijo el casero impaciente-, yo lo haré.

Se separó un poco, apenas una zancada hacia atrás y se liberó del incordio de la ropa bajando los pantalones hasta los tobillos. Ahora tuvo que dar varios pasitos cortos para acercarse al punto de partida.

_ Ahora aguarda tú- dijo Cora apartándose de él-, no quiero estar de pie pegada a la pared.

Se dirigió a la mesa y empezó a tirar los objetos y restos de la última comida de ayer, de la última cena. Algunos platos cayeron al suelo y también algunos cubiertos, un vaso se rompió en mil pedazos. A Fran los ruidos de los cristales y metales lo excitaban aún más y, la visión de Cora de espaldas a él, barriendo la mesa, con esas nalgas blancas que bailaban al ritmo de los ruidos de la cubertería incitándole a la locura…

A pasos cortos llegó hasta ella, hasta los glúteos respingones donde sin preámbulos instaló su órgano masculino.

_ He dicho que esperes- dijo Cora girándose y mostrando un cuchillo de filo brillante y amenazador al tiempo que se sentaba en el filo de la mesa para de inmediato añadir-, ahora sí, a qué estás esperando.

Fran no se hizo esperar, pronto quedaron unidos, pegados, adheridos por la pasión irrefrenable. Sus labios apretados violentamente contra los de Cora, los pechos de la inquilina estrujados contra el torso del casero, sus sexos fundidos en uno…

Las manos de Fran arañando la espalda de la mujer, la mano izquierda de Cora aferrando la nuca de su rival, en la diestra los dedos se agarraban a un cuchillo que de vez en cuando pinchaba sin llegar a herir la espalda del casero.

_ ¿Por qué siempre tienes objetos peligrosos y cortantes en las manos?

_ ¡Cállate y no dejes de besarme!

Jadeos y gemidos quedaron ahogados en un beso y viceversa. El combate cuerpo a cuerpo entró en un ritmo frenético que no podía durar mucho más. Así fue. Los labios se separaron, ambos echaron la cabeza atrás, Cora alzó la mano derecha armada con el peligroso cuchillo, Fran sujetó con la siniestra la muñeca de la mujer por miedo a que en un espasmo le descargara un golpe mortal. De puntillas en el vertiginoso precipicio del orgasmo se hallaban cuando a su espalda surgió una sombra proyectada desde el umbral y un grito cruzó el quicio de la puerta para mezclarse con el grito incontenido e incontenible del casero.

_ ¡Aaaaahhhhhhh!- Chilló Fran perdiendo toda su fuerza en el último empujón.

_ ¡Qué coño está pasando aquí!- gritó Nick sin dar crédito a sus ojos y alzando su escopeta.

_ Siempre tienes que joderlo todo- espiró Cora insatisfecha dirigiéndose a Fran, a Nick, o viceversa.


Continuará.





Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (IV)"
Técnica: Relato

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Tercera sombra: La cocina


Susurraba entre sombras, no quería, no podía alzar la voz.

_ Fran no es buen momento, acabo de despertar y tengo una resaca de espanto, además pasa algo raro en la casa, oigo ruidos, cualquier asunto seguro que puede esperar.

_ No señorita no puede esperar,- mientras oía las palabras del casero quien por cierto también murmuraba bajando la voz todo lo posible, quizá por simpatía o por inercia, salió del salón y comenzó a descender hacia la cocina-, hoy es día uno de julio ¿recuerda? Son más de las doce de la mañana, debían haber abandonado la casa, tengo que limpiar, esta tarde vienen los nuevos inquilinos.

_ ¡Maldición!- exclamó en un susurro ahogado, bajaba los peldaños de dos en dos, sobrevolándolos, apenas rozándolos para no hacer ruido con sus pisadas y murmuraba de forma prácticamente incomprensible-, no me acordaba de la fecha, lo siento, pero ¿cómo sabe usted que seguimos en la casa?

Llegó a la puerta entreabierta de la cocina, dentro había alguien, seguro, se percibían roces de telas, una respiración amortiguada y un sordo murmullo susurrado.

_ ¿Cómo voy a saberlo?- Empujó la puerta de un puntapié, con decisión, con el móvil en la oreja izquierda y las tijeras alzadas en la diestra, entró a la cocina y entonces… oyó lo mismo por su oído izquierdo, es decir por el móvil, que por su oído derecho, es decir en vivo y en directo-. Estoy en mi… estoy en su… estoy en la cocina.

Quedaron petrificados, mirándose incrédulos, sin dejar de apretar los celulares contra sus pabellones auditivos. El casero abría los ojos hasta el infinito y recorría el cuerpo de la mujer de pies a tijera, que se alzaba un palmo sobre su cabeza y viceversa, la inquilina no pestañeaba, en silencio y en absoluta quietud trataba de relacionar la imagen con alguna explicación lógica.

_ Qué susto me ha dado Fran, oí ruidos, creía que era un ladrón o un asesino o un violador…

_ Pues soy yo, entré con mi llave, venía a limpiar la casa y me di cuenta de que todavía estaban dentro- hablaban por teléfono, mantenían la comunicación y los móviles les trasladaban una millonésima de segundo más tarde y, por segunda vez, sus palabras-, tenga cuidado con esas tijeras, se puede hacer daño o hacérselo a alguien o incluso hacérmelo a mí.

_ Creo que esto ya no es necesario- dijo la inquilina mostrando el móvil y las tijeras y percatándose entonces y sólo en ese momento de su situación.

Había salido con tanto miedo y tanta urgencia de la cama y la noche anterior había hecho tanto calor. No se había puesto nada, ninguna prenda por encima de su cuerpo y estaba prácticamente desnuda, solamente unas minúsculas braguitas tipo tanga ocultaban una ínfima parte de su anatomía. Y encima eran blancas y finas y se trasparentaban…

Los ojos de Fran, ya acostumbrados a la penumbra de las sombras, devoraban el exuberante cuerpo de Cora y se encendía su deseo mientras ella apagaba el móvil.

_ No ya no es necesario eso- dijo señalando hacia sus caderas sin que la inquilina llegara a saber a ciencia cierta si el casero se refería a los instrumentos innecesarios que mostraban sus manos o a la tela translúcida que ocultaba su sexo.

_ Disculpe mi aspecto, me acosté tarde y me acabo de despertar.

_ No hay nada que disculpar, al contrario es de agradecer tanta belleza. Nunca me pareciste demasiado guapa pero tu cuerpo es de una hermosura arrebatadora, tanto que ardo en deseos de besarlo todo entero.

Fran dejó el móvil en la pila sin percatarse de que estaba llena de agua y dio un par de pasos hacia Cora que permanecía inmóvil tratando de taparse.

_ Qué vas a hacer, ni se te ocurra acercarte más…

Puso sus manos en los pechos que se agitaban con la respiración, la empujó hasta apoyarla en la pared y clavó los labios en sus labios acallando sus protestas.

Cora correspondió al beso apasionado, era dulce, le quitaba la sed amarga que la resaca le producía, pero de repente abrió los ojos y empujó con fuerza a Fran apartándolo de ella, la tijera se enganchó en la camisa del casero y se la arrancó. Entre sombras apreció Cora su torso fuerte, los músculos de los hombros, los brazos, unas gotitas de sudor que perlaban la piel y cayendo, la conducían irremisiblemente al deseo.

_ Ten cuidado con las tijeras Cora- dijo abalanzándose de nuevo sobre ella.

Al segundo beso sus manos dejaron de palpar la tela translucida, tiró fuerte de ella, con todo su deseo y le arrancó el tanga, ella alzó su brazo diestro y la poca luz del mediodía que se filtraba por las rendijas de la persiana proyectó, sobre la espalda del casero, la amenazadora sombra de unas tijeras.


Continuará.





Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (III)"
Técnica: Relato

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Segunda sombra: El salón solitario


Sombras en la escalera, por lo demás, nada, nadie. Los ruidos habían cesado, al final seguro que todo fue un sueño o una pesadilla o viceversa. Caminando despacio, descendiendo entre sombras, llegó a la segunda planta, allí estaba el salón en penumbra.

Entró.

Con la poca luz y las muchas sombras que proporcionaban unos tímidos rayos de sol que profanaban las rendijas de la vieja persiana pudo ver, a la derecha, el sofá azul. Ese era el de ver la televisión puesto que estaba situada justo enfrente. La pantalla del aparato, plagada de sombras, apagado en negro, reproducía no obstante una imagen confusa, difusa. Una secuencia profusa de película de terror. La silueta de una mujer patidifusa, atemorizada, armada con unas tijeras con las que podía incluso herirse a sí misma. Era un reflejo, su imagen, su película, su sombra.

Las puertas del armario estaban cerradas como siempre, ¿no habría nadie dentro? No, desechó la posibilidad de abrir para cerciorarse. En la pequeña mesita, la de tomar el café, que estaba junto al sofá azul de ver la televisión, reposaba, olvidado, un vaso sucio de restos pegajosos.

Al otro lado las dos mecedoras, ambas quietas y vacías. El otro sofá, el amarillo, el de dormir la siesta las tardes de calor porque a él llegaba nítido el aire de la ventana cercana. Cercana y actualmente cerrada a cal y canto. Junto al sofá amarillo de dormir la siesta estaba la mesa de no comer, puesto que por norma general y siempre que no hubiera invitados, hacían las comidas abajo, en la cocina. Y alrededor de la mesa de no comer, las cuatro sillas de madera de un color tan claro, tan cálido y tan brillante…

Frente a ella estaban los cuatro cuadros anárquicamente alineados, cuatro fotografías antiguas de diferentes rincones del pueblo, cuatro amuletos en realidad, recuerdos colgados en la alcayata del destiempo condenados al cobrizo amarillo del olvido, cuatro recuerdos que no eran los suyos.

Encima de la mesa, junto a las llaves que usó de madrugada para entrar, un billete de 50 euros arrugado y monedas sueltas. Si había entrado alguien desde luego no tenía intención de robar.

Escuchó ruidos de nuevo en la planta de abajo, de nuevo pasos sigilosos, inoportunos, pisadas intrigantes por la escalera. Al mismo tiempo, sobre la mesa, un zuñido molesto, un objeto se movía retozando debajo del billete arrugado que con un temblor inquietante se desplazó en pos de las monedas.

El móvil.

Puesto en modo silencio el celular vibraba sobre la mesa al producirse una llamada y a pequeños tirones se aproximaba, sigiloso, inoportuno, intrigante, travieso, a las monedas y las llaves.

_ Diga- susurró con miedo de alarmar a quien la alarmaba.

_ Señorita Cora soy Fran, el casero…

El casero, precisamente hoy, precisamente ahora o viceversa, qué inoportuno, qué mala sombra, ojalá no hubiera contestado, el casero siempre llama dos veces.


Continuará.





Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (II)"
Técnica: Relato

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viernes, 26 de agosto de 2011

Sombras ::: Ángel Utrillas Novella

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El casero siempre llama dos veces


Primera sombra: Despertar


Unos pasos en la escalera le sacaron del ligero duermevela en que se hallaba sumida. Había dormido mal; fatal, demasiadas cervezas entre estómago y cerebro y viceversa. Tuvo que levantarse para ir al baño en un par de ocasiones; entre el dormitorio y el escusado y viceversa. Tantos paseos por el pasillo en sombras la desvelaban y también el calor, y también los ronquidos etílico-anaeróbicos de su pareja.

No tenía que madrugar. No había puesto el despertador. Quería simplemente despertarse cuando ya no tuviera más sueño, cuando estuviera cansada de dormir y, sin embargo… los pasos inoportunos hollando la fría piedra de la escalera la habían despertado.

Miró a su diestra, Nick dormía a su lado, entonces ¿de quién eran las pisadas que recorrían las mesetas y peldaños de su escalera? ¿Quién había en la casa además de ellos dos? ¿Quién y cómo había entrado?

Se levantó impulsada por el muelle de su resolución dispuesta a averiguarlo, por un instante pensó despertar a Nick pero un ronquido seco y ahogado, ahogó su intención, entre lo que ella tardara en explicar y él en despertar y comprender, podía pasar demasiado tiempo.

Fue al baño en primer lugar, entre el dormitorio y el escusado sin viceversa, no solamente por miccionar de nuevo los últimos reductos de las cervezas ingeridas la noche anterior, también por armarse con las tijeras que había en la repisa superior del armario del espejo. Si alguien se había colado en su casa y había interrumpido su descanso se iba a llevar un buen corte.


Continuará.





Autor: Ángel Utrillas Novella
Tema: Sombras
Título: "El casero siempre llama dos veces (I)"
Técnica: Relato

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miércoles, 9 de febrero de 2011

III ANIVERSARIO WEB DE ÁNGEL UTRILLAS

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Felicitar a Ángel Utrillas, cuya web oficial cumple ya 3 años. Desearte que sigas con ánimo y decisión esta gran aventura en la que estás embarcado. Que sigamos disfrutando de tu talento.





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sábado, 8 de enero de 2011

Micro relato: Operación Luna

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Operación Luna


Una semilla en esta tierra desolada que alguien plantó por equivocación; así estoy, esa soy yo, nerviosa, sola, embarcada en un sueño, preparando una cita inminente.

La velada debe resultar perfecta, la cena ligera pero sabrosa, el vino almibarado y afrodisíaco; de fondo sonará "Luna", canción escrita para hechizar y seducir; en el balcón una luna llena, radiante.

Debo elegir un vestido cómodo y corto, decidiré con mimo la ropa interior, cada uno pinta su cuadro como quiere y yo, si manejo bien el pincel de mis encantos, si diseño bien el operativo de la operación luna, acabaré varada en sus brazos robando luces al amanecer.


Ángel Utrillas


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lunes, 22 de noviembre de 2010

Artículo El convento de las Arrecogidas ::: Ángel Utrillas

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Este mes Ángel nos descubre algunos de los secretos de este emblemático edificio que es protagonista de dos de sus novelas, "Silbando en la oscuridad" y "La profecía del silencio".
Una interesante exposición que nos adentra en el Madrid histórico.

Para leer más:

http://www.angelutrillas.com/articulos/el_convento_de_las_arrecogidas.pdf

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domingo, 10 de octubre de 2010

Noche ::: Ángel Utrillas

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Otra noche silbando en la oscuridad.

Fragmento del capítulo XII de mi primera novela “Silbando en la oscuridad”.

Despertó con el súbito pánico con el cual despiertan los perseguidos, se incorporó en el lecho buscando, escrutando su alrededor, nada le hostigaba, estaba en su habitación, en aquel piso alquilado, el único que pudo pagarse.

Volvió a dejarse caer en la cama, tenía tiempo suficiente, podía dormir más si la resaca no lo impedía.... regresaron los recuerdos.... el día del accidente, la huída de su ciudad, el día en que conoció a Laura.... Laura, Laura, siempre Laura. ¿Le recordaría ella alguna vez?, se levantó con gesto brusco abandonando el catre y comenzó a escribir, casi inconscientemente, por necesidad, fue un acto reflejo, una inspiración súbita e inexplicable.

Escribió:

TITULO, Bésame y déjame morir.

Bésame ahora, no tardes ni un segundo, regálame ese mágico momento anhelado. Bésame ahora, no lo dejes para luego, no vaya a detenerse el tiempo, o el mundo reviente, o el universo desaparezca. Bésame ahora, dame el beso, nuestro único beso, ese beso de corazón y saliva, alma y vida, amor y ternura. Bésame ahora y después del beso, de nuestro único beso, ya puede el mundo estallar y quedar reducido a millones de diminutos fragmentos, pequeños pedazos nómadas por las galaxias, vagando eternamente. Fragmentos ínfimos y tan insignificantes que nadie sabrá a qué o a quién pertenecieron. Y en medio de esos parvos fragmentos flotará un beso, nuestro único beso. Un suave roce de labios, una breve unión símbolo de calor, piel contra piel, mudo testigo de ese amor, nuestro amor imposible.

Bésame ahora, dame ese único beso y déjame morir, pensándolo, recordándolo, saboreándolo. Bésame y déjame morir pues sin ti la vida no tiene sentido, la vida, mi vida, no es vida, y sólo por percibir ese beso merece la pena haber vivido.

Bésame ahora Laura.

Firmó lo escrito mientras dos gotas saladas bajaban suavemente, deslizándose por sus mejillas, bebió las lágrimas como hacía de niño y se dirigió de nuevo a la cama, se arropó, iba casi a dormirse, cuando de nuevo se levantó, otro acto reflejo, cogió el poema y el bolígrafo y tachó con dos grandes y gruesos trazos el nombre de Laura, debajo escribió con mayúsculas el nombre de EVA. Dejó caer el papel sobre la mesa y camino de regreso al lecho murmuró:

_ Te lo dije Laura, ya te he olvidado- adujo mientras se disponía a pasar otra noche silbando en la oscuridad.


Sinopsis de la novela.

Un edificio que albergaba un convento en el Madrid de los Austrias, se ha conservado hasta nuestros días tras varias reformas arquitectónicas en las cuales se han hallado restos humanos entre sus muros, restos que son parte de la historia y de esta novela. Los capítulos impares se sitúan en el año 1623, en los primeros años de reinado del cuarto Felipe. Tratan de la inquisición, del valido Olivares, del poder de la religión, del ocio de los madrileños, los toros, el teatro, las hogueras de la inquisición. Los capítulos pares se desarrollan en 1999, cercano el nuevo milenio, las profecías de Nostradamus se cumplen y la próxima vaticina el fin del mundo tras un eclipse total de sol. Cercana al antiguo convento hay una taberna que ha sobrevivido también al paso del tiempo; los personajes creen que en el edificio hay fantasmas. Sucesos extraños los trasladan a épocas pretéritas, a personajes de antaño, los tiempos se mezclan, los siglos no existen, sólo existe el lugar.
El inesperado final, no es un final, sino un principio, nos descubre quién escribe la historia y porqué. La novela está basada, por extraño que parezca, en sucesos reales, hechos que el autor conoce muy bien pues ha trabajado en ese edificio muchos años.

"Silbando en la oscuridad" es una magnífica novela que no te dejará indiferente, prueba de su calidad es que ya viaja por su tercera edición.

Portada de la tercera edición

Editorial: ALFASUR

Año de publicación: 1ª edición 2007; 2ª edición 2008; 3ª edición 2010

ISBN: 9788495877554

Número de páginas: 236 páginas





Autor: Ángel Utrillas
Tema: Noche
Título: "Otra noche silbando en la oscuridad"
Técnica: Texto

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viernes, 8 de octubre de 2010

Libertad ::: Ángel Utrillas

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Los puños impactaron con fuerza en el rostro del rival mientras al unísono y con rabia, los dos contendientes se insultaban.

_ ¡Facha asqueroso!

_ ¡Rojo de mierda!

De nuevo alzaron sus brazos para agredir al contrario con renovada fuerza y de repente, los ojos se encontraron, sus manos se detuvieron. En la nariz de uno de los dos un hilito de sangre se abría camino hacia ninguna parte, en el pómulo del otro un circulo colorado se amorataba por momentos.

Se miraron como dos perfectos desconocidos, aunque menguó, no cesó la ira pero si la violencia, uno soltó el pelo del otro que tenía aferrado con su mano siniestra, el otro hizo lo propio con el gaznate del uno que estrujaba también con la zurda. Y se vieron como dos perfectos imbéciles cuando sin hablar se preguntaron: ¿qué estamos haciendo?


Apenas una hora antes.

Dos amigos se encuentran en un acto de homenaje al cantautor aragonés recientemente fallecido José Antonio Labordeta, participan en las actividades, cantan sus canciones, recitan sus poemas, se emocionan juntos y se abrazan. Para cerrar el acto el presentador anuncia la canción más conocida de Labordeta, aquella que todos o casi todos los aragoneses quieren que se convierta en el himno oficial ya que en este momento lo es de forma extra oficial.

_ Vamos a cantar todos juntos nuestro himno, el Canto a la libertad.

Se cogen de la mano, las suyas se unen a las de otros y forman una cadena de fraternidad y libertad y todos cantan a pleno pulmón.

_ Hermano aquí mi mano/ será tuya mi frente/ y tu gesto de siempre/ caerá sin levantar/ huracanes de miedo/ ante la libertad.

Las lágrimas aparecen en los ojos, en algunos por la propia canción, en otros por el recuerdo emocionado del maestro, en varios por la rabia de desear que este canto sea el himno de Aragón.

_ Exigimos al Gobierno de Aragón que establezca el Canto a la Libertad como himno oficial de la comunidad- dice Pedro.

_ Pues a mi no me acaba de convencer- arguye Juan-, no es que no me guste la canción, todo lo contrario, la adoro, es solamente que no la veo como himno de una región.

_ ¿Cómo puedes decir eso? Todos los aragoneses llevamos esta canción en el corazón.

_ Desde luego que sí, y los extremeños y los asturianos también, pero no la veo como bandera de una Comunidad, se trata de un himno a la Libertad, un canto universal.

_ Esta canción nos representa, el himno actual no lo conoce nadie y no nos identificamos con él.

_ Desde las blancas cimas donde duerme la nieve / hasta los llanos rojos que mece el aire azul / un claro cielo enciende, con la frente el agua, / sus coronas radiantes de luz. / Abramos las ventanas, que cante la noche / y al ritmo de la vida, en rueda de amor, / se estrecharán las almas, cogidas de la aurora. / Brille la esperanza, se abran los caminos / en la tierra grave como un corazón.

_ ¡Qué buena esa letra! No la conocía, ¿es algún poema de Labordeta?

_ No, es el himno oficial de Aragón, compuesto por cuatro poetas aragoneses y el músico turolense Antón García Abril.

_ Te das cuenta, una composición que nadie conoce y por tanto no es representativa de esta tierra, el Canto a la Libertad es una melodía fácil y una letra que todo el mundo sabe.

_ También tienen una melodía fácil y una letra conocida el Asereje y la Macarena y no me los imagino de himno andaluz, y dices que no es representativa de nuestra tierra la actual letra, ¡cómo no va a serlo! Si está escrita para Aragón por poetas aragoneses, y ¿el Canto a la Libertad en que parte menciona a nuestra región o a alguna de sus provincias, o a alguna de sus características o su historia?

_ No te conozco amigo, hablas como uno de ellos- dice Pedro indignado sin que su amigo logre comprender quiénes son ellos-, es que has mudado la chaqueta en los últimos tiempos. El Canto a la Libertad habla de lucha por los ideales, de solidaridad y de Libertad, todo ello valores universales.

_ Exacto, tú lo has dicho, valores universales y no regionales, esa canción esta por encima de patrias, de himnos y de banderas.

_ Pero es que no te parecería un buen homenaje al Maestro Labordeta que una de sus canciones fuera el himno de su pueblo.

_ Sí es un gran homenaje y me gustaría que así fuera si los aragoneses por mayoría lo deciden, pero ¿por qué esa canción? ¿Por qué no “Aragón”, o “Albada”, o “Cierzo” o mil canciones más?

_ Se tiene que hacer lo que sea necesario para conseguir que esa canción y no otra sea nuestro himno y lo tenemos que hacer por Labordeta.

_ Y ¿tú crees que él estaría orgulloso de imponer una de sus canciones desplazando de ese honor a otros cinco aragoneses ilustres? Ten en cuenta que José Antonio no fue hombre de Patrias ni Banderas, su estandarte fue la Solidaridad y su ideal la Libertad, su mensaje la Responsabilidad y la Tolerancia.

_ Todo Aragón siente el Canto del Maestro como su himno.

_ Pues él no lo sentía igual, en ocasiones le preguntaron por ese asunto y siempre dijo que no le parecía un himno de Aragón, que en todo caso su canción más representativa de nuestra tierra era “Somos” y yo estoy de acuerdo, ¿no queremos una canción que tenga nuestra sangre y pedazos de la historia de nuestro pueblo?, pues “Somos” nos describe tal y como somos y es también un canto de Igualdad, Fraternidad, Esperanza, Libertad y de recuerdo a compañeros perdidos.

_ Aragón es un canto unánime por primera vez a favor de una canción y ahora tú propones otra.

_ Yo no, el propio Labordeta la propuso cuando se le preguntó.

_ Me está cansando tu charla, ¡aguafiestas!

_ Y a mí me cansa que impidas la Libertad que tanto pregonas.

_ ¡Facha asqueroso!

_ ¡Rojo de mierda!


Se miraron como dos perfectos desconocidos y se vieron como los dos perfectos imbéciles que eran.

_ ¿Qué estamos haciendo amigo?- pregunta Pedro por fin en voz alta.

_ No lo sé, supongo que quebrar nuestra amistad.

_ Y lo peor es que hemos venido aquí a recordar a un amigo.

_ Y a defender los valores que él nos inculcó- aduce Juan

_ Que sea como un viento / que arranque los matojos / surgiendo la verdad / y limpie los caminos / de siglos de destrozos / contra la Libertad- tarareó Pedro henchido de orgullo unas frases del Canto a la Libertad.

_ Vamos / a hacer con el futuro / un canto a la esperanza / y poder encontrar / tiempos / cubiertos con las manos, / los rostros y los labios / que sueñan Libertad- respondió Juan cantando eufórico una estrofa de “Somos”

_ La verdad es que resulta más romántico que sea un himno extraoficial, en Aragón tendremos por siempre dos himnos, será un acto de rebeldía y un grito legítimo sosteniendo que un mundo mejor es posible.

_ La letra de esta canción es un himno de toda la humanidad como una sola nación unida en la diversidad de sus miembros y en la tolerancia a los demás. Esa es la verdadera Libertad del Maestro Labordeta.

_ ¿Cómo dices que es la letra del himno oficial?

_ Cuando lo oigas y le prestes atención te gustará, no es el Canto a la Libertad pero mira, fíjate en este fragmento.

“Nos ha llevado el tiempo al confín de los sueños / un nuevo día tienda sus alas desde el sol. / Tambores del cierzo, descorred ya las nubes, / y a las cumbres ascienda la voz. / El paso de los siglos trazó su destino / que llama a la justicia y a la Libertad. /Germinarán los campos, abiertos a sus cielos, / con la verde espiga, los racimos de oro / y el inmarchitable olivo de la paz.

Cuando se abrazaron en el inmarchitable olivo de la Amistad disfrutaron de una enorme Paz y un viento fresco de Libertad.





Autor: Ángel Utrillas
Tema: Libertad
Técnica: Texto
Realización: Octubre 2010

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